Crealogar el Encuentro: Juego, Resonancia y Trascendencia en el Amor
El encuentro auténtico no es un mero acto de comunicación, sino un fenómeno creador, una apertura al misterio del otro.
Martín Buber nos habla de la relación Yo-Tú, donde el otro deja de ser un objeto mudo y se convierte en una presencia viva que nos interpela.
En el verdadero encuentro, el mundo se vuelve capaz de hablar, como señala Hartmut Rosa, y nosotros aprendemos a escucharlo.
Pero este diálogo con el mundo no es un proceso mecánico; es un juego.
Johan Huizinga, en Homo Ludens, nos recuerda que el juego es la esencia misma de la cultura, una actividad libre que nos transporta a un ámbito donde las reglas del mundo ordinario se suspenden y emerge una nueva realidad.
En el juego, al igual que en el encuentro auténtico, se abre una dimensión de sentido, donde el misterio de lo desconocido se convierte en posibilidad creadora.
El vértigo del encuentro es, en este sentido, similar al vértigo del juego: nos saca de lo predecible y nos enfrenta con la otredad, con la incertidumbre de lo vivo. Pero en lugar de ser un abismo amenazante, es una invitación a la aventura, al éxtasis entendido no como evasión, sino como la superación del yo cerrado en sí mismo.
En este juego del encuentro, resonamos con el mundo.
Resonar con alguien o con algo significa que no estamos aislados, sino en una relación dinámica en la que lo que nos rodea nos responde.
Rosa nos dice que cuando hay resonancia, el mundo no es un objeto inerte, sino una presencia viva capaz de hablarnos. Y en este diálogo, descubrimos la posibilidad de Crealogar: no solo estar en el mundo, sino crear con él, hacer de cada encuentro una fuente de sentido.
Aquí es donde los valores dejan de ser meros principios abstractos y se vuelven realidades encarnadas en la experiencia. Los valores no se imponen desde afuera, sino que emergen en la relación, en el juego libre del encuentro.
El amor, la belleza y la verdad no existen en solitario; se revelan en la resonancia con el otro y con el mundo.
La felicidad en este contexto no es un estado fijo, sino un flujo, una danza entre el vértigo y la resonancia, entre la incertidumbre y la plenitud.
El entusiasmo surge de esta dinámica, porque en el juego del encuentro nos sentimos partícipes de algo más grande que nosotros, de una realidad que nos trasciende y nos llena de sentido.
En este proceso, todo lo que ha sido creado en la experiencia del encuentro ya no puede descrearse.
Como en el juego, donde cada movimiento deja una huella en la memoria del participante, lo vivido en resonancia queda inscrito en la historia del mundo, como un eco que sigue vibrando en la existencia
Crealogar es jugar con la realidad, poetizar la vida, hacer de cada encuentro un acto de creación que nos vincule con la trascendencia. Es asumir que el mundo nos habla y que nosotros, al responderle, lo transformamos para siempre.
.jpg)