La Ontología de la Creatividad
La Arquitectura del Ser como filosofía de la existencia creadora
Lic. Carlos Churba
Las reflexiones sobre la
impermanencia, la presencia, la compasión y el sufrimiento constituyen una de
las grandes conquistas de la sabiduría espiritual y de la medicina humanista.
Nos ayudan a comprender cómo habitar con mayor plenitud la condición humana.
Sin embargo, considero que aún queda una pregunta más radical:
¿Qué es aquello que permanece
mientras todo cambia?
Mi respuesta es que no
permanece una forma, una identidad fija ni una esencia inmóvil. Lo que
permanece es el principio creador del ser humano.
Ésta es la tesis fundamental
de la Ontología de la Creatividad.
La creatividad no es un
talento reservado a artistas, científicos o inventores. Tampoco es una función
psicológica reducible a la imaginación, al pensamiento divergente o a la
resolución de problemas. Todas esas manifestaciones son expresiones parciales de
una realidad más profunda.
La creatividad constituye el
modo mismo de ser del ser humano.
El hombre no es creativo
porque crea.
Crea porque su ser posee una
estructura creadora.
Cada decisión, cada
interpretación, cada vínculo, cada palabra, cada silencio y cada proyecto
representan actos mediante los cuales el ser humano configura continuamente su
existencia.
Existir es crear.
No existe una vida humana
completamente pasiva. Incluso la renuncia, la repetición o la resignación
producen realidad. También ellas crean mundo y dejan consecuencias.
Por ello toda existencia posee
una dimensión ética.
Toda creación transforma
simultáneamente al creador y al mundo que habita.
La Arquitectura del Ser
Si la creatividad constituye la estructura del ser,
entonces la vida puede comprenderse como una arquitectura en permanente
construcción.
No una arquitectura de piedra.
Una arquitectura existencial.
Cada experiencia coloca un ladrillo.
Cada decisión abre una puerta.
Cada pérdida modifica los cimientos.
Cada encuentro ilumina nuevas habitaciones interiores.
Cada acto de amor amplía el espacio habitable del
espíritu.
La Arquitectura del Ser no describe un edificio
terminado sino un proceso permanente de configuración creadora.
No nacemos concluidos.
Nos vamos diseñando.
Nos vamos construyendo.
Nos vamos reconstruyendo.
Nos vamos trascendiendo.
La plenitud no consiste en alcanzar una forma
definitiva sino en mantener abierta la capacidad de seguir creando sentido.
Los cuatro movimientos de la Arquitectura del Ser
Este proceso puede
comprenderse mediante cuatro movimientos inseparables.
I. Crealogar
Crealogar constituye el fundamento relacional de la existencia.
No vivimos aislados.
Vivimos dialogando.
Pero dialogar no significa únicamente intercambiar palabras.
Significa permitir que cada encuentro genere una realidad nueva.
Crealogar es crear dialogando y dialogar creando.
Es reconocer que el sentido nunca está completamente dado sino que
emerge en la relación viva entre las personas, la cultura, la naturaleza y el
misterio de la existencia.
La presencia consciente transforma el diálogo en acontecimiento creador.
II. Descrear
La creatividad exige también una tarea negativa, aunque profundamente
fecunda.
No basta con crear.
Es necesario liberar espacio interior.
Descrear no significa destruir lo creado.
Lo verdaderamente creado permanece como huella irreversible.
Lo que puede descrearse son aquellas construcciones mentales y
emocionales que han perdido su capacidad de servir a la vida.
Creencias limitantes.
Narrativas de victimización.
Apegos.
Resentimientos.
Miedos.
Identidades rígidas.
Descrear es desmontar las arquitecturas del sufrimiento para que la vida
vuelva a desplegar su potencia creadora.
No se trata de olvidar el pasado.
Se trata de transformar el significado con el que continúa habitándonos.
III.
Poetizar la Vida
Toda arquitectura necesita belleza.
Poetizar la Vida constituye la dimensión estética de
la existencia.
No consiste en embellecer artificialmente la realidad.
Consiste en descubrir la profundidad simbólica de lo
cotidiano.
Una conversación.
Una caminata.
Un árbol.
Una despedida.
Una enfermedad.
Una reconciliación.
Todo puede convertirse en experiencia poética cuando
la conciencia permanece despierta.
La belleza no elimina el sufrimiento.
Lo transfigura.
La mirada poética devuelve dignidad incluso a la
fragilidad.
IV.
Metacreatividad
Existe todavía un nivel superior.
No solamente crear.
No solamente reconstruirse.
Sino comprender el propio acto creador.
La Metacreatividad es la conciencia de la creatividad.
Es la capacidad de observar cómo creamos nuestras
interpretaciones, nuestros vínculos, nuestras organizaciones, nuestras culturas
y nuestras formas de habitar el mundo.
Cuando el ser humano alcanza esta conciencia deja de
ser únicamente protagonista de su historia para convertirse también en
arquitecto consciente de ella.
La libertad ya no consiste únicamente en elegir.
Consiste en comprender cómo se originan nuestras
elecciones.
Del sufrimiento a la transformación
La medicina puede aliviar el
dolor físico.
La compasión puede acompañar
la fragilidad.
La espiritualidad puede
ofrecer esperanza.
Pero la Ontología de la
Creatividad propone un paso adicional.
Toda experiencia humana
contiene una posibilidad creadora.
El sufrimiento no constituye
una identidad.
Constituye una materia prima.
La creatividad no niega el
dolor.
Lo integra.
No elimina la pérdida.
La convierte en aprendizaje.
No rechaza la muerte.
La incorpora como horizonte
que intensifica el valor de la vida.
La impermanencia deja entonces
de ser una amenaza para convertirse en la condición misma de toda creación.
Sólo porque todo cambia
podemos seguir creando.
La Trascendencia Creadora
La Arquitectura del Ser
culmina en la trascendencia.
No entendida como evasión del
mundo sino como expansión continua del ser.
Cada acto creador deja una
Huella Irreversible.
Cada gesto de hospitalidad
modifica el tejido humano.
Cada presencia auténtica
reorganiza silenciosamente el universo interior de otra persona.
La trascendencia no comienza
después de la muerte.
Comienza cada vez que nuestra
creatividad enriquece la existencia de otro ser humano.
Así comprendida, la vida deja
de ser una sucesión de acontecimientos y se convierte en una obra abierta.
Una arquitectura nunca
completamente terminada.
Un diálogo permanente entre el
ser, el mundo y el misterio.
La Arquitectura del Ser
propone, finalmente, una comprensión unitaria de la existencia: el ser humano
no está destinado simplemente a vivir ni únicamente a sobrevivir. Está llamado
a ejercer responsablemente su condición de creador. Cada instante le ofrece la
posibilidad de diseñar, construir, reconstruir y trascender su propia vida. La
creatividad deja entonces de ser una facultad entre otras para revelarse como
la forma misma en que el ser acontece en el mundo.
Ésta es la Ontología de la
Creatividad: una filosofía que afirma que el ser humano no posee creatividad
como una propiedad accidental; es creador por constitución ontológica.
Todo lo demás —el pensamiento, el amor, el lenguaje, la ética, el arte, la
ciencia, la espiritualidad y la cultura— brota de esa fuente originaria.