Crealogar como acontecimiento creador
Lic. Carlos Churba
El encuentro auténtico es un acontecimiento creador.
No es solo un cruce de caminos entre dos seres, sino una irrupción de sentido que transforma la existencia.
Martín Buber nos habla de la relación Yo-Tú, donde el otro deja de ser un objeto y se convierte en una presencia irreductible, una alteridad viva que nos convoca.
Este encuentro es un acto de Crealogar, una experiencia que da a luz algo nuevo en el mundo y en quienes participan en él.
Pero todo verdadero encuentro tiene un vértigo: nos enfrenta a lo desconocido, nos saca de nuestra zona de confort, nos hace sentir la inestabilidad de lo vivo.
Este vértigo no es miedo, sino la sensación de que algo más grande que nosotros nos está llamando.
Se produce un salto cualitativo, ocurre cuando nos entregamos a la experiencia del encuentro: dejamos atrás lo trivial y entramos en una realidad superior, donde los valores se hacen palpables.
El encuentro nos empuja al éxtasis, entendido no como fuga, sino como trascendencia del ego cerrado en sí mismo.
Salir de nosotros mismos para entrar en resonancia con el otro y con el mundo es una forma de poetizar la vida, de darle profundidad, ritmo y belleza.
En este estado de apertura y comunión, se crea algo que no puede descrearse. Lo que ha sido creado en un verdadero encuentro permanece en el tiempo, en la memoria, en el tejido del mundo.
Como el arte, como el amor, como toda obra que toca lo esencial, lo creado deja una huella imborrable.
La felicidad no es solo la consecuencia de este proceso, sino su propia dinámica. Cuando entramos en relación auténtica, la felicidad deja de ser un objeto de búsqueda para convertirse en un estado de plenitud compartida.
El entusiasmo surge de esta conexión con lo trascendente: el otro ya no es un límite, sino un puente hacia lo infinito.
Los valores, en esta experiencia, no son ideas abstractas, sino realidades vivas que se revelan en el acto de Crealogar.
El amor, la verdad, la belleza, la justicia… no son principios que se imponen desde afuera, sino realidades que cobran vida en la relación. Amar es crear, y crear es trascender.
Así, la vida humana alcanza su sentido más alto cuando dejamos de ser meros observadores y nos convertimos en creadores de encuentros, de belleza, de sentido.
Crealogar es un compromiso con la trascendencia: lo que creamos en el amor, en la entrega, en el diálogo profundo, nunca podrá descrearse.
Este es el camino para poetizar la vida: abrirnos al vértigo del encuentro, dejarnos llevar por el éxtasis del amor, vivir con el entusiasmo de lo sagrado, y saber que cada acto auténtico trasciende el tiempo y nos vincula con lo eterno.
